Después de aplaudir emocionado desde mi ventana a nuestras valientes sanitarias me quedé dormido y soñé. 

Soñé que era un banquero y en mi yate de Bahamas estaba angustiado porque los intereses que cobraba por mi dinero eran cero.  ¡¡Mi dinero no producía nada!!

En el sueño aparecía un amigo que se llamaba COVID-19 que se propagaba velozmente por mi mundo globalizado y eso me tranquilizó.

Entre los banqueros siempre decimos que toda crisis “es una oportunidad”.

Me tomé un Margarita y pensé que podía “sacar partido” de esta situación ya que los gobiernos tenían que destinar mucho dinero para solventar la crisis del COVID-19.

Yo, banquero, sabía que los gobiernos de la UE han endeudado a sus estados por encima del PIB.

Y los gobiernos (del color que sea) pasan, pero las personas que pagarán esas deudas serán siempre los mismos.

También me di cuenta que cuando pase la crisis hará falta más dinero para la reconstrucción de la economía y tendría nuevas “oportunidades de negocio” ¡¡porque habrá nuevos problemas!!

En ese momento fui a mi capilla personal para agradecer a dios por el regalo inmenso que me estaba dando.

Los intereses que podía cobrar a los estados “soberanos” ya no serían CERO como antes de la llegada de mi amigo ¡COVID-19!

En el sueño, mientras recibía un masaje en la playa, me di cuenta que usando mis influencias sobre la prensa la gente olvidaría rápido todo lo ocurrido.

También que una vez ahogados los pueblos por las deudas votarían gobiernos que recortarían la sanidad, la educación, etc… etc.

Entonces yo podría comprar a muy bajo precio la salud pública que había salvado tantas vidas arriesgando la propia.

Y que en esas privatizaciones siempre tendría reaseguro.

Si yo, propietario de un hospital no tenía los beneficios estimados en el pliego de condiciones, el Estado me compensaría como ocurrió cuando yo estaba en el negocio de las autopistas.

Con tranquilidad me fui a dormir una siesta porque me dí cuenta que tenía la conciencia limpia ya que no la usaba nunca y me fui a dormir en el yate.

Y me desperté en Madrid en marzo de 2020 

Y ...  Sonreí.

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