Una mirada desde el planeta

Por Juan Bautista Cincunegui

Cuesta afrontarlo. Combatir al coronavirus nos refleja al espejo. Los humanos somos la peor amenaza actual, la más brutal pandemia contra la vida en el planeta. Confinados en casa sólo somos un poco menos letales.
Como conjunto, hemos fracasado en la sencilla tarea de cuidar y preservar la vida en el planeta.
Con el correr de los siglos nos hemos transformado en una especie ruinosa.
Claramente no es nuestra única condición, pero en conjunto hemos arruinado un planeta único, con unas condiciones extraordinarias para la vida.
Pero no lo vemos, somos ciegos a la devastación que provocamos.

Nuestros líderes mundiales son en su inmensa mayoría gangsters rodeados de asesinos a sueldo.
Detrás de este coronavirus hay un planeta que se defiende de nuestra indolencia implacable.
Hoy arranca a los ancianos y a los enfermos, mañana seremos todos nosotros.
No estamos frente a un desfase de la naturaleza, una mutación aleatoria, algo imprevisible.
Estamos ante la fuerza inherente e imparable de la vida, el rugido insoportable de la inteligencia planetaria.
Los humanos somos una mínima fracción de la energía del Gran Organismo, la Gran Madre Tierra. 

Fuimos paridos por esta compleja red dinámica de relaciones interdependientes y conexiones infinitas.
Los humanos no somos el cerebro del planeta. Y está claro que no actuamos como su corazón.
Las opciones del planeta, sus posibles variables de acción son infinitas, mientras que nuestro pensamiento e inteligencia no es más que eso, pensamiento. Nuestras "maquinitas" son asombrosas sólo para la escala humana. La vida abarca todo otro nivel, una dimensión de la realidad que jamás podremos controlar ni conocer. La vida se abrió camino frente a condiciones aún mucho más destructivas que la nefasta orientación del sistema de dominación humano.
Millones de hermanos asesinados y hambreados. Un sistema de eficacia tecnológica al servicio de la exclusión y el eco odio. ¿No es odio lo que sentimos hacia los demás, hacia todo aquello que no es como nosotros esperamos que sea? ¿A qué otra emoción podríamos asociar el desprecio tan típico de nuestra época?

Pero ni el afán de control y manipulación ni el odio humano puede destruir la fuerza vital del planeta.Esa es la gran noticia.
Los verdaderos dueños del planeta nunca seremos los humanos, jamás.
Son los seres microscópicos, los virus, las bacterias, los hongos...y es su danza invisible la base para las condiciones de reproducción de la vida.
Ellos arman y desarman nuestra complejidad estructural, y lo harán al ritmo que la Gran Madre Tierra lo demande. 
El ataque de esta pandemia planetaria es la indicación de una humanidad impiadosa con los demás seres vivientes y consigo misma que comienza a sobrarle al planeta.
Está pandemia no es sólo una tragedia o desgracia global.
Es un aviso ante una supremacía imposible.
Salvar vidas, siempre y en todo sentido debería ser nuestra máxima prioridad.
La Vida encontró la manera, la Humanidad aún no

 

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua. Ut enim ad minim veniam, quis nostrud exercitation ullamco laboris nisi ut aliquip ex ea commodo consequat.

ArtEspacio Plot Point